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Las Reglas del Camino
Nada puede ocultarse... y en cada vuelta de ese camino, el hombre debe enfrentarse a sí mismo.
No existe otra palabra que designa la estupidez y la vileza no reveladas; la burda ignorancia y el propio interés... características sobresalientes del aspirante común. Sin embargo, a pesar de esa gran revelación, no es posible volver atrás, despreciar a los demás, ni vacilar en el camino. El camino va hacia el día.
Cada peregrino sabiéndolo, apresura sus pasos y se encuentra rodeado por sus semejantes. Algunos logran pasar adelante... él los sigue. Otros caminan detrás... él marca el paso. Pero no camina solo.
Un cántaro que sólo contenga suficiente agua para sus propias necesidades. Y un báculo sin horqueta. Cada peregrino en el Camino debe llevar consigo lo necesario. Un brasero para dar calor a sus semejantes. Una lámpara para iluminar su corazón y mostrar a sus semejantes la naturaleza de su vida oculta. Una talega de oro que no ha de esparcir en el Camino... sino compartirlo con los demás. Una vasija cerrada donde guarda todas sus aspiraciones para arrojarlas... a los pies de Aquel que espera en el portal para darle la bienvenida.
la lengua silenciosa... la voz aúrea... el corazón casto... el pie ligero... y el ojo que ve en la Luz... abierto. Él sabe que no camina solo. |
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